Poesía: Dinámica de lo impensado

Dinámica de lo impensado es el título de un libro de Dante Panzeri editado en el año 1967. También es una frase que utiliza Horacio Pagani para definir al fútbol. Si la historia avanza de contradicción en contradicción, o utilicemos si prefieren el término hegeliano dialéctica, la historia de la poesía avanza enfrentándose de lleno frente a la prosa.

La poesía como dinámica de lo impensado conviviendo, aunque de la vereda de enfrente, a la estática de lo trabajado de la prosa, dentro de la literatura Argentina.

Cuando uno se sienta a escribir un poema lo más probable es que de muchas vueltas, o recurra a hacer cosas innecesarias en ese preciso momento como bañarse, contestar un WhatsApp o limpiar la cocina, antes de finalmente arrancar a tipiar las primeras palabras que darán vida al primer verso. Esto no es miedo a la hoja en blanco, este es el monstruo escurridizo e inconsciente que empieza a tomar forma adentro del poeta. Por esta misma razón la poesía necesita pocas palabras, aunque fuertes. Para así poder contener a semejante criatura bárbara, salvaje e incivilizada. De ahí el famoso adagio de Wallace Stevens “el poema se le revela al hombre ignorante”.

De la vereda de enfrente, viviendo bajo el mismo país, el prosista se sienta a escribir sin problemas y sin parar, como siempre dicen, en jornadas que duran hasta más de diez horas. Un poeta ni loco se vuelca a tremenda carga horaria para escribir un poema, por lo menos de manera ininterrumpida.

Los prosistas recurren a la disciplina rigurosa de mantener el orden civilizado de sus textos. No dejando ningún acto, de sus manos sobre el teclado, librado al azar. La táctica del prosista es letal. Horas y horas dándole a su maquinaria grandilocuente con el objetivo último de obtener resultados, lectores. La prosa es resultadista. Una novela sin lectores es como un cuerpo sin alma. No pasa esto con el poema. Que parecería ser todo lo contrario. Demasiada alma para tan pocos cuerpos.

En este sentido el poeta trabaja más relajado. Desde un espacio cósmico sin gravedad. De ahí que el poeta siempre está en la luna, flasheandola. Lo confirma la respuesta de Baudelaire en su famoso poema El forastero, cuando le preguntan sobre sus preferencias y ante la negativa que éste presenta frente a todo aquello que es terrenal. Termina declarando su amor a las nubes, aquellas que están allá a lo lejos, y que se deslizan, las nubes maravillosas. Esto es cultural dentro de la vida del poeta. Esto fue así en la edad media y será así siempre. De la misma forma que dentro de los prosistas es cultural el trabajo duro y consciente, o tener oficio como le llaman. La creación de personajes a través de bases psicológicas muy fuertes. Que proporcionen accionares o formas de ver el mundo de un adulto, por situaciones particulares que le ocurrieron, a ese mismo adulto, durante su infancia.

Daría la sensación que un poeta nace y se forma así mismo. Como un líder o como un buen jugador de fútbol. A Messi nadie le enseñó a jugar. El Barcelona supo sostener y mimar la pasión que ese chico despierta cada vez que tiene una redonda cerca del pie. Haciéndose cargo de pagar sus medicinas para desarrollar su aspecto físico y ayudándolo a ordenar un poco su pésima conducta nutricional. Los poetas en cambio no corren con esa suerte o ventaja. Es cierto que un poema no genera los millones que proporciona un gol.

Generalmente todo depende de ellos mismos. Siempre le llega la hora al poeta donde deberá preguntarse ¿Qué onda, sigo con esto o no? ¿Voy a pasar el resto de mis días metiendo enter para separar unas cuantas hileras, no tan largas, de palabras? Un poeta debe trabajar duro por lo que sueña y quiere. Tendrá que lograr imponerse él mismo frente a su círculo familiar y social que quizás nunca lo entienda ni lo comprenda. ¿Porque esa chica o ese chico pasa tanto tiempo sin hacer nada? ¿Cómo puede ser tan torpe socialmente? ¿Porque siempre se les caen las cosas de las manos? Preguntas que se hacen las personas frente a un ser con características innatas para escribir poesía.

A pesar de esto existen infinidad de manuales que enseñan a escribir un poema. Pera daría la sensación que leyéndolos sólo empeoraría sus condiciones naturales para crear belleza. Lo que sí existe y ayuda a los poetas son los talleres. Porque en esos sitios conocen a gente que está en la misma y se relacionan. Establecen vínculos sociales entre pares mientras aprenden la historia de la poesía. Los ayuda a no sentirse tan solos y perdidos. Además de que ciertos poemas a veces son como un Fiat viejo necesitan mucho taller.

No pasa lo mismo con la prosa. Donde las tácticas bilardistas deben aprenderse. Estudiar a raja tabla los manuales para convertirse en prosista. Obviamente no todos lo logran. El prosista que queda en la historia. El que con el paso del tiempo se vuelve clásico, es el que justamente supo recurrir a lo más salvaje de sí mismo, a lo más humano. Sacarle provecho a eso de no saber para dónde disparar a la hora de seguir adelante. Dejando un poco de lado toda la tecnicidad táctica de su oficio para alcanzar la gloria de la improvisación. Esto es: soltarle la mano a la inteligencia por un rato para abrazar con amor ancestral lo intuitivo. Para decirlo más claramente. El prosista necesita despertar al poeta que lleva adentro y no al revés. Primero siempre está la poesía. Que es el origen de todo. La poesía como una selva primitiva y feroz a la que debe recurrir el prosista, obligatoriamente, para volver más humano a su propio texto. Para que no se le noten tanto los tornillos que hacen posible su máquina industrial, textual.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

A %d blogueros les gusta esto: