Y ahora que me encuentro | Tomás Boasso

Un poema de Tomás Boasso

Y ahora que me encuentro,

el sol de la plaza tiñe las moras…

Entre dos muñecas y un hornito

dos velas acompañan a Candela

el planeta de su panza da la vuelta

bajo órbitas de un vestido a rayas negras, bordado a

 ráfagas

por el núcleo que late interno: temblarás?

Te espera

en el centro

la intuición

nube breve de ilusiones pasajeras:

sólo una duradera.

Si pudiera ver tu cara no podría imaginarla,

ya pronto podré verla y cambiará con los días

Esta es mi manera de rezar, me verás rezar con los días

quizá alguna vez te hiera, te avergüence

porque rezo en público voces íntimas,

cosas que deberían quedar enteras

en el círculo de la familia.

Orvietto          sobre piedra anclada

la catedral señala un cielo oxidado,

ahorraré para llevarte

con las ventas y las clases: son ventanas,

ti portaré lontano,

el paraíso del hombre es su propia naturaleza bella,

y aquí voy apilando

pensamientos como escamas.

Los adultos se la llevan de arriba         Andá al sol

Siempre con tu lado hermoso             No hagás lo que

no sientas

Y cuando hagas lo que no te guste     Aprendé de eso

que no te gusta

No tomes ésto como una imposición Por favor

es ansiedad que drena hacia la boca negra del futuro

alcantarilla…

Abajo

  hay

       :

una boba que critica en notas:                   qué sabe?

acaso juzga mis rezos?                       pero es quel

nabo soy yoque publico los versos,  ¿para qué!

…Con qué necesidad surgen varios comentarios…

Los soperos son de acero

y las cazuelas se revientan, varias!

Los                        pedazos

   fríos                                 de

porcelana

blanca

sobre el mapa del mosaico extienden

los anhelos caballos de batalla…

En la memoria de un recuerdo huelo el eucaliptus que

veo

carpa, puerta de entrada abierta, ancha

colchón ocre de las hojas ya perdidas, aterrizadas

No hay movimiento en la duda, solamente estoy parado

enraizado a la decisión de no tomar ninguna.

La bola de mármol mira todavía

con rasgos arqueados, atada sobre el Río de

la Plata:

no la pasamos bien esos días.

La gaviota que aterriza en una roca se sacude y se

acurruca

imantada por la luna, muecas curvas, deshilachadas.

La escollera extiende su racimo sobre la baba lenta del río

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