Descripción
154 páginas. [parcialmente intonso, páginas 9-10-11-12 pacialmente rasgadas] ¿Qué he buscado en Balzac, fuera del placer de leer? He buscado ideas cargadas de materia, y nacidas del suelo; ideas que tuvieran rostro. No la economía, sino hombres que hacen economías rascando sus centavos: Grandet, Gobseck, Benassis, Hochon, La Baudraye. No la política, sino políticos tan misteriosos como gatos. No un sumario de las pasiones del amor, sino enamorados, ricos o pobres, confiados o celosos, dichosos o desdichados. Cada uno de esos mil personajes realiza su propio juicio y es insensible al juicio de los demás. Y como esos personajes no se podían separar nunca de su cubil, ni de sus trabajos, ni de su clima; y porque todas las pasiones se componían, y porque todas esas voces formaban un concierto no de armonía sino de necesidad, creí que podría allí asir la verdad humana, quiero decir el dato sin el cual nos extraviamos. A veces se nos ocurre condenar la condición humana, pero comparándola con una perfección abstracta, que no existe. El dato, por el contrario, aún para el reformador más audaz, debe ser la humanidad misma, bien plantada como está, y vociferante como es. Balzac cura la misantropía; es bueno para eso, por todos esos genios encadenados, abajo y arriba, inventores y poetas por todas partes —cada cual pensando según su forma y según su piedra fundamental. Todo consiste en comprenderlos bien— y en perdonar, va de suyo. He notado que, aún para lo verdadero de los hombres, hay que quererlos de esa manera ruda que enseña Balzac. –ALAIN




