Descripción
157 páginas. Título del original en francés: Le bourgeois et l’amour. Traducción de Enrique Molina. “Compleja y dura, casi amarga también, la realidad de la Europa de la postguerra incitó a Emmanuel Berl —el autor de El porvenir de la cultura occidental— a ahondar en el análisis de su secreto. Quería descubrir los escondidos resortes de la crisis a que asistía, y llamar la atención sobre ios fenómenos más importantes en que se manifestaba. Era una empresa difícil y atrevida, porque no suele agradar a nadie que se le revelen sus estigmas; pero él poseía la necesaria valentía, y no vacilaba en llegar hasta las últimas consecuencias implícitas en su pensamiento. Había vivido los primeros años de la postguerra, y escribió sus obras de crítica de la realidad contemporánea cuando comenzaba a fatigarse el espíritu de vanguardia y asomaba ya cierto conformismo de vanguardia. Una nutrida literatura de guerra daba el tono profundo de las inquietudes del hombre medio en la Europa de 1930. Había demasiadas inquietudes y demasiado poca novedad profunda. Para quienes, como Berl, alcanzaban una alta cota sobre el campo de batalla, era visible lo falso de tantas evoluciones que remedaban un combate y no eran sino ilusorio juego alrededor de una convención preestablecida. Como centro de sus observaciones, Berl tomó el tipo del “burgués” —un poco Michelin, un poco Cocteau— y rastreó en todos los secretos de sus formas de vida y de pensamiento. Muerte del pensamiento burgués y Muerte de la moral burguesa, se llamaron los dos libros que forman, con EL BURGUÉS Y EL AMOR, el tríptico dedicado a la disección de la sociedad de nuestro tiempo. De aquellas muertes, el pobre amor debía sufrir los estertores y las angustias, enturbiándose con las escorias que el naufragio arrojaba sobre sus aguas. En EL BURGUÉS Y EL AMOR, Berl analiza con despiadada exactitud los matices peculiares de las relaciones eróticas en nuestro tiempo. A veces su planteo parecerá audaz, pero nadie podrá señalar en él un solo trazo que entrañe una intencionada deformación. Su observación es sagaz y profunda: podrá o no provocar el asentimiento, pero quedará en pie como testimonio amargo y sombrío de la transición a que asistimos. Una amargura y unas sombras que Berl maneja con destreza estilística para acentuarlas donde debe, porque el observador es, en este caso, un testigo viviente y dolorido.” JOSÉ LUIS ROMERO.





