Descripción
103 páginas. La mayoría de los manuscritos de Kafka no estaban destinados a ser publicados. Se sentía culpable por no haber hallado “el camino verdadero”, y esa culpabilidad le gestó el mandato de quemar toda su producción literaria. “Mis escritos son un horroroso espectro personal. No habría que imprimirlos. En realidad habría que quemarlos. No tienen sentido.” “Es necesario callar cuando no se puede ayudar. Nadie tiene derecho a agravar el estado del paciente a través de la propia desesperanza. Por eso todos mis garabatos merecen la destrucción.” Su fama universal es una paradoja, una broma postuma que él mismo habría condenado. Sin embargo, escribir era para Kafka una necesidad vital, la única forma de vida que le era posible. Escribir era un intento desesperado de resolver el enigma que le planteó su existencia.




