Descripción
Dedicado por el autor. Había una vez una pequeña nación isleña ubicada en el extremo del este asiático, que vivía alejada del resto del mundo, bajo el régimen feudal del Shogún, manteniendo una férrea política de aislacionismo xenófobo. A fines del siglo XIX, esa nación fue violentamente despertada por el coletazo del expansionismo imperialista occidental de la época. El pueblo japonés tuvo que elegir urgentemente entre aceptar ser colonia de algún Imperio, como el resto de los países asiáticos, o intentar ser independiente. Japón optó por la independencia. Para poder convertirse en un país moderno, tenía que unificarse bajo un gobierno central. Para ese fin, restauraron el poder político del Emperador, derrocando al régimen feudal. No fue tarea fácil convertirse en Imperio moderno e independiente. Pero los japoneses pusieron todo su esfuerzo sabiendo que era la única manera de lograr la libertad. Buscando la independencia, el incipiente Imperio Japonés tropezó militarmente con China en 1894, con el temible Imperio Ruso en 1904 y con sus ex aliados anglosajones por el interés en el territorio chino a partir de 1930, llegando a provocar la Segunda Guerra Mundial, que finalizó en 1945 con la derrota y muerte del Imperio Japonés. Al caer el Imperio, quedó despojado de todos sus territorios de ultramar y completamente desarmado. Los japoneses se sentían condenados para siempre a ser un país periférico de segundo orden. Al terminar la guerra, EE.UU. condenó” al Japón a ser democrático y así nació el Japón de hoy.Al recuperar la independencia en el año 1952





