Descripción
265 páginas. Colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica. En el reducido espacio de un breviario el Profesor Serrano Poncela logra darnos la primera síntesis realmente plausible de la persona v la obra de don Miguel de Unamuno. Lo que hasta ahora se había escrito sobre el vasco genial y atormentado se resiente o de una excesiva falta de devoción por el hombre y su obra, o, en el mejor de los casos, no va más allá de una parcial interpretación de esa vida y su obra correspondiente. Pero Serrano Poncela nos demuestra, desde el comienzo, que siente por Unamuno esa indispensable devoción (que está, por supuesto, muy lejos de ser beatería), sin la cual resulta vano empeño acercarse, con ánimo exploratorio, a un hombre que, como es el caso de Pascal, de Nietzsche o de Unamuno, nos muestra su obra como perfecta réplica de su propia vida. Hombres para quienes el filosofar sí ha sido vivir la peculiar vida contradictoria, agitada que les ha tocado en suerte y sin tranquilizadoras «definiciones» de esas que permiten, como ha ocurrido con muchos filósofos, que la vida marche, sosegada y paralela, al lado mismo de su filosofía, pero sin confundirse jamás con ella. O sea que en ellos el tema que alimenta su filosofía es precisamente el que les suministra la experiencia dramática de su propio existir. Serrano Poncela tiene el acierto de presentarnos un Miguel de Unamuno de carne y hueso, es decir, el Unamuno de las paradojas, de la quemante fe inquieta y de la religiosidad un tanto pascalina y kierkegardiana. El libro de Serrano Poncela nos lleva hasta la intimidad recoleta de Unamuno y nos permite ver cómo se integra, a fuerza de desprendimientos las más de las veces violentos, como ocurre en las profundidades tectónicas, ese pensamiento que lo es tanto más cuanto más dialectizante resulta a fuerza de no ser –de no querer ser– racionalista. Ese pensamiento hecho de angustias, de presentimientos y agobiadoras intuiciones, que llevan a Unamuno a formular toda una filosofía de la existencia en función de sus estratos más decisivos, a saber: lo telúrico, lo social y lo religioso. Es, pues, este breve y enjundioso ensayo de Serrano Poncela el resultado, repetimos, de una devoción, que nos devuelve, multiplicada en claridades simpáticas, la vida y la obra ya perennes del gran vasco que moría viviendo y vivía muriendo.




