Descripción
153 páginas. Colección Hombres y Países. Traducción de Antonio Ribera. Ilustrado a color y b/n. «La multitud de tigres hace que sea peligroso viajar si no se va en compañía de gran número de personas… Son muchos los que acuden a estas partes para que les adornen el cuerpo con incisiones practicadas con agujas… las rentas anuales de Su Majestad ascendían a 16 800 000 ducados». Con estas frases concisas y altamente descriptivas, el joven viajero veneciano Marco Polo refirió el viaje que con su padre y su tío efectuó a la corte de China, donde reinaba Kublai Khan, entre los años 1271 y 1295. Aquel viaje cambió el curso de la historia europea de modo tan decisivo como los viajes de descubrimiento de Cristóbal Colón dos siglos después. A decir verdad, Colón trataba de descubrir las tierras tan tentadoras descritas por Marco Polo. Después de los viajes de Marco Polo, ningún europeo culto podía creer ya que el mundo fuese de reducida extensión o estuviese empobrecido; Marco Polo había demostrado que era inmenso, repleto de aventuras y colmado de riquezas. No hay duda de que la China del siglo XIII era más rica y civilizada que la Europa de la misma época; su arte (muestras del cual desfilarán por las páginas de este libro) era mucho más refinado que el arte europeo coetáneo. Pero si Marco Polo pudo efectuar su memorable viaje por tierra a China y ver sus tesoros, fue porque toda Asia se hallaba entonces bajo el dominio de los fieros guerreros mongoles del Gran Khan. Aquellos hombres, pese a sus instintos belicosos, toleraban la presencia de extranjeros. El propio Kublai sentía una intensa curiosidad por los países de Occidente y trataba con respeto al tío y al padre de Marco, a los que consideraba sus embajadores cerca del Papa. El Gran Khan confiaba en que el viaje de los Polo contribuyese a cimentar la armonía entre las naciones, o a fomentar al menos el comercio. Pero aquel viaje produjo un resultado completamente distinto. Gracias a Marco Polo, sus contemporáneos pudieron ver más allá de su estrecho mundo medieval; el osado veneciano legó a las futuras generaciones el espíritu de exploración y aventura.





