Descripción
219 páginas. “Para que una obra haga libro menester es el hombre entero”, decía Alonso López Pinciano. El protagonista de Memorias de la casa rosada, forzado por las circunstancias que vive la República, se encierra en su casa y en su vida privada. Pero no es la consabida torre de marfil, es una torre de cristal abierta a las cuatro vientos del espíritu, vulnerable por todos lados, desde la cual observa la vida que pasa. Como un poeta que incorpora a su poetizar su mismo estar poetizando, el protagonista, argentino y español, por sus cuatro costados, intenta —a la manera de Ega de Queiroz en La casa de los Ramírez— escribir la crónica de cinco generaciones de su casa que vivieron al compás de los primeros cien años de la Argentina. La empresa no tiene fin; su objetivo no es otro que expresarse y dejar testimonio de su existencia, por eso incluye su propio obrar en la obra y también su conciencia de estar escribiéndola: se mezcla en el relato integrándolo en un todo. “¿Qué cosa hay más digna del hombre que vivir y contemplarse vivir?”, parece estar diciéndonos. La realidad decepcionante de la vida exterior se transforma así en lo que el protagonista ve, siente, cree o imagina. Como el caracol, vive desviviéndose con su propia casa a cuestas. Y al fin observa que nada le ha pasado, sino la vida. — M.A.O.





