Descripción
Primera edición. Ejemplar intonso. El padre Grotc vuelve a la vida. Tan vivo y tan real para la impresión y el recuerdo como cuando andaba por esta tierra argentina desarrollando su apostolado dinámico y fecundo. En esta obra, debida a la bien templada pluma del padre Sánchez Gamarra, nos refiere sus hazañas de misionero y redentor de los humildes. Escrita en forma autobiográfica, aprovechando una vasta y minuciosa documentación, aparece la venerable figura del padre Grote perfectamente enmarcada en los escenarios en que se desenvolvió la acción de que fuera protagonista. La austera y llana Westfa-lia, la recoleta y tranquila Münster, Tréveris, la ciudad imperial y milenaria, la soledad ascética de María Hamilcot, Luxemburgo, crisol de apóstoles, y la sonriente aldea de Echternach, lugares donde se fue formando la recia personalidad del P. Grote, van pasando ante nuestros ojos, descritos con trazos exactos y llenos de vida. Y luego las tierras americanas, ya en pleno período de siembra apostólica: El Ecuador, Perú, Chile y la Argentina, tantas veces cruzados a pie o a lomo de muía por el infatigable apóstol social. Galería de personajes históricos, arsenal de tácticas sociales, surgen en el libro las figuras de personalidades argentinas como Estrada, Goyena; Lamarca, Mons. Anciros, Mons. Espinosa, Mons. Terreros, Mons. de Andrea, Mons. Franceschi…; es una vida plagada de luchas y sinsabores. Son páginas de la historia argentina de las últimas décadas. Transcribimos a continuación un párrafo de los muchos que contiene este libro, y que pone de relieve la tesonera labor realizada por el P. Grote en su apostolado social con un inigualado y crudo realismo: “Si bien es verdad que la mayoría de los pueblos misionados nos recibían con respeto, especialmente en las provincias norteñas, no faltaban casos en que teníamos que reñir verdaderas batallas contra elementos envenenados por el odio antirreligioso. En Jujuy hubo quienes fijaron pasquines cuyos bárbaros términos y pintoresca ortografía recuerdo como si los estuviera leyendo: «¡Frailes, al chaco a macanear, aquí no somos invéciles!» En la misma ciudad, el comisario que era francmasón escribió un artículo repleto de invectivas groseras contra los misioneros. En Monteros tuvimos que habérnoslas con un boticario anticlerical que, después de retarnos a pública controversia acerca de la existencia del infierno, faltó a la pública cita que le dimos en la plaza de la población, y siguió esparciendo pestes contra nosotros. En Salta, con ocasión de las fiestas del Milagro, hubo alguien que se atrevió a escribir en un periódico anticlerical insultos rezumantes de incultura y desprecio por las tradiciones religiosas de la ciudad. Bajo el título La Gran Comedia estampaba, entre otras, las siguientes frases: «La cstúgida turba, la turba imbécil, la turba hambrienta de pan y de justicia, hincará sus rodillas en tfl suelo mugriento de los templos, y entonará sus preces al santo de quien se dicen tantos milagros y hazañas… esa turba cretinizada en el fanatismo, turba ruin, recua esclava, hombres bueyes, torpes animales de carga…»”





