Descripción
La extraña fortuna de Maquiavelo ha unido su nombre indisolublemente a ciertos principios y doctrinas acerca de los cuales se ha discutido durante toda la Edad Moderna. La diatriba y el elogio se han volcado alternativamente sobre su figura, porque su pensamiento seduce o rechaza siempre con la misma energía, como corresponde a una mentalidad inusitadamente vigorosa capaz de desnudar la realidad con sorprendente destreza para poner al descubierto su naturaleza. Acaso pocos personajes de la Edad Moderna la representen tan acabadamente como Maquiavelo, situado en su umbral, para quien el pasado fue fuente inagotable de experiencias capaces de orientar no sólo su presente sino también su lejano e imprevisible futuro. Era un político genial en el terreno doctrinario, pero fue muchas cosas más. Trató la historia con rara maestría, hizo felices incursiones en el teatro y meditó sensatamente sobre arte militar. Su vida fue agitada, y sobre su propio infortunio reflexionó mucho, y tejió sus reflexiones en un epistolario inestimable. En sus cartas, como en sus comedias en sus obras políticas, la realidad despierta y se anima con inconfundible vibración. No podría exigir un biógrafo exigente mejor documentación personal. En Marcel Brion ha encontrado el florentino un evocador digno de él. Biógrafo consumado, había ejercitado sus armas en labores no menos arduas, y habíase aproximado nuestro personaje a través de las figuras de Leonardo de Médicis y de Miguel Ángel. Maquiavelo se sitúa entre ambos, y el panorama de fondo se continúa todo a lo largo de las tres biografías con rasgos precisos y finamente trazados. Florencia e Italia engendran aquellas figuras gigantescas cuando empieza su ocaso. Y Marcel Brion funde con inusitada maestría cuanto hay de grande y de pequeño en esta época singular en cuyo primer plano se levanta Nicolás Maquiavelo.






